El litigio.Articulo de opinión publicado en el Diario Segre el 04/02/09 Josep Borrell
05-03-2009
Que cruz, monseñor Piris! Quién le iba a decir-es un decir-que en Lleida encontraría su infierno personal, como ha pasado a sus antecesores, que le haría ganar su cielo. El litigio sobre las piezas que reclama el obispado de Barbastro-Monzón ha entrado en una espiral de violencia por parte del gobierno de Aragón, instrumentalizado vete a saber por quién, y por parte del Vaticano, sede de la santa paciencia proverbial, que, en el marco de una sociedad democrática, no medieval ni teocrática, es incomprensible. Es inimaginable que la jerarquía católica del siglo XXI llegue al extremo, para hacer valer la razón de los demandantes, de prácticamente humillar el obispo Messeguer, creador del museo episcopal de Lleida, un miembro de la misma familia de fe y de pastoral. La caridad cristiana es decirle a monseñor Piris desde la secretaría de Estado del Vaticano que, si la Generalitat obsaculitza la devolución, deje lo del Consorcio del Museo, se lleve las piezas y las envíe a Barbastro? La beligerancia del obispo Milián contra el episcopado de Lleida es la propia de un hermano en la fe de Nuestro Señor Jesucristo?
Y qué pintan la señora María Fernández de la Vega, el señor Marcelino Iglesias y el señor Bell-lloch en este asunto, cuando los políticos son los primeros que deben saber qué es lo que pertenece a Dios y que al César? Y tanto que calculan mal si tenemos que pensar en cuestiones de buena vecindad y de posibles pactos e incluso en temas de rédito electoral. Ciertamente, que hable la justicia, la del Estado de derecho, la que nos pertenece y pagamos todos y no arbitraria, oscura y acientífica de los despachos Vaticano. Porque nunca se pueda decir que nos ha traicionado un obispo, nos ha despreciado el tripartito o nos han impuesto la vara teocrática infalible de la ley de Dios. El pactismo que se defiende desde las instancias bienpensantes, la tendríamos que haber aplicado desde el día que se descuartizar el obispado de Lleida. También habríamos podido llegar a la solución salomónica decir: los creyentes que quieran ser del obispado Lleida que sean para siempre y los que no, que lo sean del de Barbastro. Cuando todo ello huele a intereses perversos, pocos pactos se pueden hacer. Hace tiempo que todo lo tienen, nunca mejor dicho, dado y bendecido. Es más fácil convertir infieles que regir la diócesis, monseñor ¿verdad?