No queremos estos obispos. Por Sebastia Tamarit Montagud (Carta publicada e la Mañana el 05/03/2009)
05-03-2009
Carta publicada en el Diario la Manyana el 5 de Marzo
En relación a la carta titulada "Campaña contra el obispo de Lleida?" Aparecida en este diario el 3 de marzo, quisiera hacer algunos comentarios a su autor, el señor Julián Gutiérrez. Usted dice que muchos cristianos "estamos hartos del asedio mediático que reciben los últimos obispos de nuestra ciudad". Pues yo le puedo replicar que en Lleida somos muchos más aún los cristianos, practicantes o no, que estamos hartos que el Vaticano nos "coloquio" obispos que-a cambio de vete a saber qué promesas de promoción jerárquica-llegan a nuestra ciudad con el único propósito de expoliar la diócesis de unas obras la propiedad legal de las cuales es bien clara. Obispos como el señor Javier Salinas que deja nuestra diócesis por la puerta de atrás y de puntillas después de firmar un ilegal y vergonzoso acuerdo de entrega de las piezas de arte. Esto, señor Gutiérrez, más que un golpe bajo, es una puñalada por la espalda. Obispos que siguen las directrices de un Vaticano feudal y retrògad que vive a años luz de la realidad social y llevado por intereses oscuros e inconfesables.
Creo que ya es hora de romper tópicos. Ser obispo, señor Gutiérrez, no es garantía de nada. Un obispo es un ser humano como usted o como yo: puede ser una buena o una mala persona. Puede ser una persona generosa, altruista y preocupada por las necesidades de sus feligreses, pero también una persona falsa, perversa, desleal a su gente. Y que quede claro que esto no es una crítica Iglesia, formada por un colectivo muy amplio de personas mayoritariamente bienintencionadas, sino contra algunos de los personajes que, desgraciadamente, dirigen esta Iglesia en una dirección radicalmente opuesta a la de la esencia del Cristianismo.
Y un último consejo, señor Gutiérrez: léase el libro "El complot", de Eugeni Casanova, y verá que los leridanos, desde la marcha de nuestro querido y valiente Ciuraneta, no tenemos los obispos que nos merecemos.